Dios no me ayuda en nada

¿Cuantas veces hemos oído eso? Yo muchas, incluso los cristianos lo decimos en alguna ocasión o etapa a lo largo de nuestro paso por este mundo. Ante enfermedades, abandonos, malas rachas o, directamente, mala suerte. Ante la pobreza material nuestra -o de allegados o familiares-, ante un accidente con resultado catastrófico. Ante la llegada de la enfermedad o la miseria. Dios no me ayuda. Dios no está aquí. Dios... no existe, porque, de existir, sin duda ayudaría a sus seguidores, a sus hijos.

Dios no me ayuda en nada. Tendemos a creer -quizá movidos por los sermones y griteríos del predicador de turno- que estar con Dios es como dar un click y, automáticamente, todos nuestros problemas desaparecen. Alguien debería decirles a muchos cristianos la verdad, alguien debería decirles que nuestros problemas no desaparecen, ¡más bien aumentan! ¿Piensas evadir todas tus responsabilidades, salir airoso de todas las enfermedades y vivir una vida cargada de lujos? ¡Pues entonces ser cristiano es el camino equivocado! El mismo Jesús lo dijo: el siervo no es más que su Señor (Mateo 10, 24). Los seguidores de Cristo eran pobres, muchos de ellos, cargados de enfermedades (1 Timoteo, 5, 23), de suplicios, y, encima, ¡perseguidos, torturados, encarcelados!

"Conoce a Cristo y tu vida cambiará, tu lamento se transformará en baile", ¡mentira! No te creas esas burdas patrañas que el demonio pone en los corazones de los que se dicen hasta más devotos. Tus lamentos aumentarán, esta vida -esta vida mundana, este paso por esta existencia, esta tierra- es, para los cristianos, un auténtico "valle de lágrimas", como dice muy acertadamente la tradición. Visita cualquier sacerdote anciano, cualquier viejita cristiana auténtica que pase sus últimos días en la iglesia, ¡te contará la verdad de la existencia, los dolores y sufrimientos, los hijos que ha perdido, y todas sus amistades y amigos que han caído en las inexorables e implacables manos de la muerte!

Claro que si como modelos tienes a multimillonarios, incluso a modelos multimillonarios que se llaman a sí mismos "cristianos", que escriben montones de libros y sacan cientos de discos y que viajan en limousina a todas partes ("ver pero no tocar"), dándose gloria a sí mismos en el nombre de Dios (que es uno de los pecados más intolerables, ¡arrebatarle la gloria al propio Dios!) en escenarios para ser aplaudidos y adorados por miles de personas, entonces la visión que tendrás de lo que es ser cristiano estará totalmente corrompida. Nuestro único y principal modelo es Cristo, contempla su vida, admira sus llagas en la cruz, sus tormentos. Ése es tu modelo.

Con todo esto no quiero asustar a nadie, lo único que quiero es que nadie os engañe con falsas palabrerías.

Cuando empiecen a adularte, cuando empiecen a hablar bien de ti, desconfia. Para este mundo un cristiano es lo peor, te tratarán peor que a un ladrón, serás más castigado que un asesino de niños, incluso un pederasta sería mejor mirado que tu. El mundo puede perdonar a un asesino, puede perdonar a alguien que ha robado millones de dinero a los trabajadores (¡de hecho, lo ha hecho en varias ocasiones, cuando no hemos visto salir en televisión llenos de gloria y aplausos a personas que han cometido los crímenes más atroces!), pero no perdonará que seas seguidor de Cristo. Pero no te preocupes: sabes bien en quién confias, el Señor te guardará. Repito: recuerda que el siervo no es más que su señor, si han perseguido, escupido y maltratado a Cristo, contigo no será menos. Si te ocurren esas cosas es señal de que el mundo te odia (Juan 15, 18), de que estás en el buen camino (que es, precisamente, el más angosto y tortuoso). No olvides nunca que, quien persevere hasta el final, ése se salvara (Mateo 10, 21). En el mundo, tal como Cristo nos advirtió, solo encontraremos tribulación, dolor, abandono, pobreza, sed, hambre, enfermedad... si piensas que eres cristiano y tienes un avión particular, dinero, casas... párate a recapacitar, porque entonces es que algo estás haciendo mal.

Yo, como mi Maestro, soy absolutamente pobre, al igual que él no tengo ni en donde reclinar la cabeza, vivo de prestado, cargado con mil dolores, padeciendo cientos de sufrimientos. Pero ese es el destino de los santos en este mundo. Muchos de los cristianos auténticos que he conocido tenían mil dolores y pesadas cargas sobre sus hombros, ¡cargas que, en el caso de que Cristo no estuviera con ellos, serían imposibles de soportar! La Buena Nueva no es que la vida que te rodea se transforme, no es que el mundo esté a tus pies, es que tu vida se transforme. Es una transformación espiritual, una experiencia fuera del conocimiento de este mundo, es la presencia viva de Dios en nuestras vidas, es el Espíritu Santo habitando en tí, pero nunca, jamás, es una experiencia de exterior, de tener más cosas o de poseer más, de tener nuevos y caros trajes, nunca. El cuerpo humano es carne, corrupción, y la transformación es siempre espiritual.

Porque esta no es nuestra patria, este mundo es de Satanás y sus secuaces (Apocalipsis 12, 9), y estos sólo apoyan y ayudan a quienes están con ellos. Nuestra patria no es de este mundo, si fuéramos de este mundo Dios enviaría cientos, miles o millones de ángeles para defendernos (Juan 19, 11), estaríamos viviendo en palacios y cargados de riquezas, como corresponde a un ciudadano legal y a un servidor fiel de su señor. Pero este no es nuestro mundo, las fuerzas del mal combaten terribles batallas para tentarnos, para hacernos caer, para perdernos, porque nos odian, no nos quieren aquí, no pueden resistir nuestros actos, no pueden permitir que nuestra luz ilumine a otras almas, odian nuestra presencia porque portamos la luz salvadora de la Sangre de Cristo. Y nos odian a nosotros con todas sus fuerzas porque representamos a Cristo. Por eso intentan que resultemos despreciables para los demás, desde los primeros cristianos hasta los últimos siempre será así. No te dejarán dormir, no te dejarán predicar, levantarán falsos testimonios contra ti. Recuerda siempre: el siervo no es más que su señor. Pero ¡animo!, Cristo ha vencido al mundo (Juan 16, 33).

Y no olvides siempre que este mundo, esta sociedad, está para terminar. El mundo disfruta entre fiestas, ríe y se emborracha mientras nosotros padecemos torturas, desprecios y enfermedades. Pero en un instante nuestro llanto se transformará en gozo, y sabremos que habrá merecido la pena todo por lo que hemos pasado (Juan 16, 21). Si no crees estas palabras míranos a los cristianos: pobres, enfermos, anunciando la palabra de Dios entre burlas e insultos. Y mira al mundo: disfrutando de los engaños y espejismos de Satanás, de sus modas, de su dinero, haciendo que unos pocos multimillonarios les arrebatan la comida y la vida a millones de inocentes seres humanos, que son comidos vivos por las moscas, las bacterias y las enfermedades de todo tipo, a cual más repugnante y dañina. La oscuridad y todo lo que ella incluye (el smok, la contaminación, el odio, la atmósfera sucia, las agua envenenadas, la lluvia ácida...) son los signos de Satanás y de su reinado sobre este mundo y sobre sus habitantes. Los frutos de Dios y de sus hijos, sin embargo, son la luz: la benignidad, la gratuidad, la misericordia, la templanza.

Vigila, por tanto, tu fe. Cuídala porque sin ella estás acabado y, cuando lo estés, el mundo te acogerá con los brazos abiertos. Por un instante, en carne, serás feliz. Como mucho veinte, treinta... quizá cincuenta años, ochenta si tienes suerte... pero luego tu carne será pasto de los gusanos. Pero a nosotros el Señor nos dijo que no conoceremos la corrupción (Hechos 2, 27).

Arrepiéntete ahora, de verdad y sinceramente, porque el tiempo se acerca y en la noche negra en la cual vivimos y nos movemos ya se comienza a vislumbrar el alba. Y cuando el Señor del alba llegue no tendrás tiempo: lo iluminará todo de norte a sur, por los cuatro puntos cardinales, en un instante (Mateo 24, 27). Y todas las obras de los hombres quedarán al descubierto (Juan 16, 8). A su fulgor nadie podrá esconderse (Mateo 10, 26).

En aquella hora, terrible para los seguidores de Satanás que se acuestan con sus rameras, nosotros entraremos en nuestra patria auténtica, porque somos hijos de Dios, ciudadanos del Cielo. No de aquí. No de aquí (Juan 15, 19).

Mientras tanto, la humanidad guime entre dolores de parto, los cristianos estamos abatidos y desangrándonos (¡mas no derrotados! (2 Corintios, 4, 9)), y los amantes de Satanás rien y bailan entre festejos con sus demonios (Lucas 17, 28), muchos de aquéllos ignorando incluso que el fin se acerca, lenta, pero inexorablemente.

¡Abre los ojos, que el tiempo está cerca!

7 comentarios:

José Juan dijo...

Muchas gracias por abrirme los ojos aunque solo tengo una pregunta, entonces para que estudio si no es para superarme, acaso tengo que estudiar y no demostrar que soy capaz y no puedo tener cosas que me gane con mi esfuerzo y me hagan sentir orgullozo de mi trabajo? Acaso Dios quiere que nada más esté deprimido toda la vida? Por favor contestame estas preguntas y no me digas que no soy cristiano por querer ser mejor, por que creo mucho en Dios aún cuando hoy padezco de una asquerosa enfermedad mental que es muy dificil de llevar,entonces dime cual es la manera correcta de superarme.

José Juan dijo...

Lo que me falto decir en todo eso es que lo que quiero lograr , no lo quiero para mi sino para los demás, por ejemplo si veo gente pobre, dárselo a ellos por que no tienen, siempre que veo a alguien que esta sólo y que los demás lo ignoran como a los niños abandonados , alos pobres enfermos que estan la calle pidiendo, me siento muy mal porque yo no tengo nada para darles en ese momento , por eso quiero ser alguien en el futuro ,por eso quiero tener cosas, para darselo a ellos pero no quiero ser famoso por ello, no quiero gloria ni tampoco que me reconozcan y que la gente quiera seguir mi ejemplo. Eso está bien o estoy pensando de mal forma, por favor contéstame.

Yedaia dijo...

No hay nada que el hombre se gane con su propio esfuerzo, José Juan, todo nos es dado.

Ese es el problema (o uno de los mayores): la vanidad humano, el creer que nos merecemos algo, cuando son todos dones de Dios, desde tu propia vida.

No te preocupes, si Dios quisiera que fueras rico para dárselo a los pobres, te haría rico. No te impongas esa carga, porque a quienes más tienen, más se les exigirá. Si Dios quiere que tengas poco y seas poco, será para juzgarte menos severamente.

Las preferencias de Dios son los pobres, siempre. Recuerda las palabras de su segunda venida: "porque tuve hambre... me acogísteis... me visitásteis...". Dios habita donde a los ojos de los hombres está el desprecio.

Bendiciones!

José Juan dijo...

Ey Yedaia, si es que asi te llamas, nada más escribo para agradecerte por explicarme las cosas bien, y lei tu libro ese de la mano de Dios y ahi me respondí todas las dudas que tenía, lo cual me aqyudó a curarme de la enfermedad que tenía, en serio. Esta muy bueno el libro y bueno nada más escribía para decir gracias, y bueno pues que estés bien jajaja

Yedaia dijo...

Gracias a ti José Juan. Bendiciones. Y no olvides una cosa: si dejas tu vida en manos de Dios, Él no dejará que te pierdas.

tremebundo dijo...

hermano. si DIOS quisiera que seas pobre no te hubiera hecho promesas como deuteronomio 28 o josue 1. ubicate.

Yedaia dijo...

tremebundo, cuando llegues al nuevo testamento me avisas, hermano.